En los años entre 1950 y 1955, William M. Gaines y sus colaboradores dejaron a los aficionados un legado de maravillosas historias de terror, crimen, ciencia-ficción y bélicas. Hablemos sobre ellas.

miércoles, junio 21, 2006

Ciencia Ficción durante la “Guerra Fría”

Las revistas de ciencia-ficción nunca vendieron bien. El público se entregaba a las historias de terror y las de crímenes, las bélicas tenían un público reducido pero muy fiel; pero la línea de ciencia-ficción era la “hermana tonta”. Sin embargo, o quizás por esa razón, o por el sueño frustrado de ser científico de Gaines (recordemos que iba para químico cuando las circunstancias acabaron con ese destino), eran las más mimadas por los editores: Al Feldstein se ocupó de hacer casi todas las portadas de las diferentes series que salieron y dibujó muchas de las historias interiores.


Las series principales fueron “Weird Science” y “Weird Fantasy”, pero a causa de sus bajas ventas, se unieron en “Weird Science Fantasy”, que acabó reconvertida en “Incredible Science Fiction” después de que el Comics Code prohibiera que la palabra “Weird” (extraño) apareciese en la portada de los comics.

Contrariamente al nivel de ventas, en la cabecera “Weird Science Fantasy” se reunieron los mayores talentos en nómina de la editorial: Reed Crandall, George Evans, Frank Frazetta, Bernie Krigstein, Al Williamson y Wally Wood. E incluso se llegó a publicar un número especial que rezaba en portada “E.C. desafía a la Fuerza Aérea Estadounidense”, con un completo informe documental de avistamientos de platillos volantes negados por el gobierno.

Las historias que aparecían en esta línea eran, como en los otros títulos, vueltas sobre los tópicos de la época. Por sus páginas desfilaron mutantes atómicos, extraterrestres de todo corte y condición, viajeros dimensionales, del futuro más lejano o del pasado más remoto, y, por supuesto, el fin del mundo. Son pura catarsis para la sociedad americana de aquella década de los cincuenta, con su miedo a la bomba, a la energía nuclear o a los misiles del otro lado del telón de acero.

En definitiva, es la colección con mayor valor artístico, y los guiones mantienen el nivel habitual, con argumentos, que no dejan de ser tópicos, pero están tratados de forma inteligente y divertida, y hacen pasar un buen rato de lectura.