En los años entre 1950 y 1955, William M. Gaines y sus colaboradores dejaron a los aficionados un legado de maravillosas historias de terror, crimen, ciencia-ficción y bélicas. Hablemos sobre ellas.

viernes, junio 23, 2006

¿Por qué recordamos estos tebeos?

En la década de los 50, E.C. no era ni de lejos la única editorial de comics del mercado. Pero una serie de maniobras la convirtieron en la más imitada a través de los años, y también le valió para ganarse el rencor de muchos.

En un principio, los comics E.C. no se diferenciaban del resto: relatos del oeste, algún superhéroe (superheroína en este caso), mucho romance e historias de crímenes. Poco a poco, los comics de terror se van introduciendo, primero historias sueltas en la línea de crímenes, luego un par de cabeceras y finalmente, tres colecciones regulares, a las que deberíamos añadir las dos de suspense, ya que en muchas ocasiones, la línea que las separaba se volvía muy fina, con apariciones regulares de la Vieja Bruja.

A raíz de este éxito, las demás editoriales se montaron en el carro, pero no entendieron el mensaje: las revistas E.C. nunca necesitaron (por favor, abstenerse personas sensibles de picar en el enlace) de esto para vender.

El éxito de estas residía en el humor irónico que destilaban los impactantes finales; eran guiones que trataban al lector, por primera vez, con inteligencia, conectando con ellos, manteniendo la tensión hasta la última viñeta, dejando a los criminales salir impunes en muchas ocasiones. Adaptaban incluso relatos de escritores como Poe o Bradbury. Pero sobre todo, en los dibujos: hasta entonces, los comics se dibujaban como un producto industrial, igualando todo a un estilo homogéneo que decía más bien poco. Gaines fue el primero que alentó a sus dibujantes a tener un estilo propio y diferenciado de los demás, lo que hasta entonces estaba reservado para los “artistas” que dibujaban las tiras de prensa.


Hacia el final, fueron las demás revistas, celosas de no poder imitar el éxito de E.C., las que provocaron el cierre de las revistas de terror y la aparición del Code.